RITUALES CON TAPA A ROSCA.
RITUALES CON TAPA A ROSCA.
(©Nora Casali)
Nunca tiren frascos vacíos!. Al menos, no tiren todos... alguno debe quedar a mano, vacío, limpio, con tapa.
Por mi parte, no soporto los espacios vacíos: ni en las conversaciones, ni en la alacena: por eso hablo, relleno (a veces tapo interrumpiendo, lo sé)...
Y guardo frascos. Muchos. Vacíos, pero con promesa incógnita...
Igual que algunos silencios incómodos: una sabe que en algún momento se llenarán de algo importante. Aunque sea de una mermelada con el encanto de lo casero.
Como epígrafe que me defina, les dejo: "Guardo frascos vacíos y relleno silencios: ambas cosas me hacen sentir útil".
Tomando dicho marco de referencia, este recuerdo tiene como protagonista a mi querida hijita Aldana, (Aldi). Cuando nació, su hermanito mayor tenía poco más de un año. Fue muy sanita y de buen apetito, ganando peso pronto, y poniéndose redondita y maciza, como nos gusta a las mamás cuando ellos son bebés. Único temita que nos dio problemas, fue el "cólico de los tres meses"... que la ponía a llorar desde el atardecer por unas dos horas, sin que sirviera pasearla, ponerla pancita abajo, masajearla, cantarle. Lloraba a grito pelado.
La particularidad es que el clásico cólico no duró "tres meses"; ni "seis meses", ni "un año". Había nacido su otra hermanita menor, y ella seguía cumpliendo horario para comenzar con esos chillidos estridentes.
Fue una época agotadora. Porque no había explicación médica; y el resto del día era una beba sonriente, de largas siestas, buen comer, y gorgoritos alegres, debajo de unas pestañas que parecían postizas por lo tupidas y curvas. Ese supuesto cólico, repentinamente desapareció, y Aldana fue la niñita más buenita, más organizada para cenar y dormir, más cariñosa y entretenida con cualquier juego. Saltaba en el Din Don con tremenda elasticidad, energía y felicidad. Apoyaba apenas las puntas de los piecitos en el suelo, y rebotaba literalmente a una altura alarmante.
Ya su hermanito mayor había usado en el mismo lugar el Din Don.... pero en ese momento era hijo único. Lo disfrutaba un buen rato, hasta que a veces se quedaba dormido en el arnés, tras haberse autohamacado.
Con Aldana, se complicaba el uso, porque sumando a su alegría vital, como si fuese una ranita saltarina, estaba la tentación de su hermanito "de dar una mano ".. con lo cual las piruetas y acrobacias que se ven en un recital de la compañía Fuerza Bruta, pasarían a ser suaves efectos visuales, comparados a los rebotes de pared a pared, de piso a techo, y con hermanito colgado a veces... lo cual motivó la suspensión de tremendo riesgo, sacando aparejo, tornillos y cuerdas elásticas, para nunca más usarlas con las niñitas que nacieron después. Amén.
Repasando esos días, otro momento crítico -esta vez para mí- era la nochecita, hora de darles el bañito a los tres ( Marina aún no estaba en la foto); darles de comer, hacerlos dormir. Complejo es poco: tan seguidos en edad, tan diferentes en dietas y ninguno capaz aún de quedar solo siquiera minutos en ningún lado, ni en la mesa, ni en el baño, ni en dormitorio a menos ya supiera que estaban dormidos.
Fabricio ya tenía dos años y algún mes, y comía de todo, pero había que cortarle los bocados, y controlar su ingesta. Aldi tenía casi un año, y comía variado pero más en forma de papillas que en trozos, y en la silla alta. Antonela, sólo la teta, pero sujeta con una mano, mientras ayudaba a los dos hermanitos con sus platos.
Hasta allí, todo bajo control, nunca me consideré la Mujer Maravilla: más bien me recuerdo como una Sra. Pulpo.. porque parecía tener cuatro o cinco manos, sirviendo comiditas, sujetando a cada niñito, atajando cada vasito antes de que se vuelque, sosteniendo a una bebita en brazos, etc.
El tema semi dramático, era la hora de llevarlos a dormir. Si la bebé lloraba, los otros dos no querían quedarse en la cama. Y por esos días, tanto Aldana como Antonela eran bebés, (distinta edad, pero ambas nacidas el mismo año 80, y con diferencia de meses: LAS DOS ERAN BEBÉS) Los fines de semana o feriados, estaba su papá, con lo cual todo era hecho entre los dos, el bañito, la cena, acostarlos.
Y en general, el papá dormía en brazos a Aldi ( yo amamantaba a Anto): los días de semana, él regresaba cuando los tres estaban dormidos, porque saliendo de su trabajo en un banco, pasaba a entrenar deportivamente. Hasta las 22,30 no llegaba. O más tarde...
Esos días, Aldi pedía por su papá, no se quería dormir si no lo veía...
Yo les cantaba alguna canción, y les leía algún cuentito... pero no era suficiente para Aldana.
Entonces fue que se me ocurrió "el ritual". Entonces, agradecí tener frascos vacíos y limpios guardados!!
Porque esas emociones no podían ser descuidadas, y tampoco postergadas. Le expliqué que el papá llegaba y siempre les daba un beso a los tres, ya dormidos. Pero que ella podría dejar sus besitos bien guardados en un frasco que yo dejaría tapado para que no se escapen: al llegar su papá, sacaría la tapa, y arrimaría el frasco a su cara para que le caigan todos, todos los besos!!
Y así, una vez acostada en la camita marinera, Aldi tomaba el frasco con sus manitos regordetas, se lo ponía en la boca, y tiraba besos y más besos, hasta cansarse!!. Enseguida, yo le colocaba la tapa bien enroscada, y lo dejaba al lado de su almohada. Al despertar a la mañana, ella veía el frasco abierto, y sabía que su papá se había "puesto" todos los besos.
Reemplazamos una presencia con un objeto y ritual que sirvió durante buen tiempo, hasta que se normalizaron los ritmos horarios y ya no hizo falta eso. Cambiaba seguido de frasco, y los decoraba, Aldi elegía entre dibujitos que yo le mostraba para pegar afuera o en la tapa.
Esos frascos, eran como cápsulas de instantes infantiles, con besos y lagrimitas secas atrapadas; fueron la prueba tangible de que podían convertirse en vitrinas de un alma inocente, que sentía que envasaba por un ratito el sentimiento liberador, para dormirse feliz.
Mis frascos, no fueron de cocina: fueron una promesa ritual para alimentar un vínculo importante.
Y, mágicamente, mientras hubo un frasco de distinta forma en esa cabecera de la camita, al darle directa la luz del pequeño velador; o el primer rayo de sol al abrir ventanas, parecía haber una minúscula catedral de cristal protegiendo a Aldi.
Les auguro muchos frascos, para guardar sus deseos escritos, para guardar silencios que fermenten, hasta volverse sabiduría.
En un frasco puede enviarse un: "Te perdono", un: "Te espero"...
En un frasco pueden guardar una flor para encerrar el aroma de un verano eterno. Pueden coleccionar palabras que les cambiaron la vida, para releerlas cuando olvidan quiénes son...Pueden escribir cartas sin destinatarios, y jugar con el tiempo, el viento, el mar, para ir al encuentro de un lector ignoto y sorprendido.
Aldanita inauguró la función "Rituales con tapa a rosca", dejando allí su corazoncito lleno de amor.

Ignoto y sorprendido cumplo el elogioso ritual.
ResponderEliminar"Ignoto" sería su pretensión. Se me hace que lo conozco bastante!. Y gracias por la rapidez del elogio!. Pasará Ud. a categoría de cábala, Ricardo!!
EliminarHermoso!!!, tu imaginación siempre es para destacar!!
ResponderEliminarGracias!!.Por esos tiempos, si no tenías imaginación, te aparecía sí o sí.
EliminarQué ternura Nora!!. Con un frasco (imaginación) y mucho Amor cuántos espacios se llenan...!!!
ResponderEliminarEmi..
SÍ!!...y aunque te parezca mentira, su papá recuerda eso!! gracias, Emi, por seeguir las lecturas!
EliminarHermoso amiga! Tu ingenio y creatividad no tienen límites. 😘
ResponderEliminarGRACIAS, "anónimo!!". hechos reales que mis hijos pueden refrescar al leerlos, con emoción. Es la intención de una linda memoria emocional. Otra vez colocá tus iniciales, por favor.
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